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Durante el Foro de Inversiones de las Américas celebrado en Santo Domingo días atrás, la dinámica de radicación de capitales volvió al centro del debate y Matthew Stephenson, director ejecutivo de la Organización Mundial de Zonas Francas (WFZO), expuso la magnitud operativa de una industria que hoy tracciona el 30% del volumen comercial mundial: las zonas económicas especiales, o zonas francas, un ecosistema que abarca más de 7000 enclaves a nivel global, responsables de 80 millones de puestos de trabajo directos.
Según los datos aportados de la WFZO, América Latina cuenta en la actualidad con más de 700 zonas francas que sostienen un millón de empleos, posicionando a la región para absorber la demanda derivada del nearshoring. Stephenson destacó el caso de República Dominicana como referencia sistémica: 80 zonas económicas operativas y 200.000 puestos directos confirman la viabilidad del modelo a largo plazo.
Las cinco variables
El ejecutivo destacó que la atracción de Inversión Extranjera Directa (IED) exige hoy parámetros que exceden la mera reducción arancelaria. El director ejecutivo de la WFZO enumeró cinco variables críticas que determinan la radicación de proyectos: ubicación estratégica y conectividad, energía limpia, fiable y asequible, previsibilidad regulatoria y buena gobernanza, mano de obra cualificada y un posicionamiento geoeconómico favorable.
Por otra parte, el debate sobre la renuncia fiscal de los Estados encontró una respuesta técnica en la ponencia. “Las zonas cuestan menos de lo que generan”, sentenció Stephenson, apoyándose en la evidencia de retornos económicos en Costa Rica, Uruguay y República Dominicana. En el análisis del directivo, los operadores logísticos e inversores institucionales priorizan la estabilidad del entorno corporativo y la infraestructura por encima de los esquemas tradicionales de exenciones tributarias.
Integración estructural
Por último, y para maximizar la rentabilidad territorial, la organización promueve una integración estructural entre los parques industriales y la Asociación Mundial de Agencias de Promoción de Inversiones (WAIPA).
Stephenson describió a ambas entidades como socios estratégicos naturales: mientras las agencias (API) son responsables de atraer el capital, las zonas proporcionan la plataforma operativa indispensable para materializarlo. Una coordinación precisa mejora drásticamente las tasas de conversión entre el interés del inversor y el proyecto real instalado.
Y concluyó: “Las zonas económicas no son simplemente incentivos fiscales ni áreas industriales aisladas. Son una de las herramientas más poderosas, probadas y escalables del mundo para atraer inversiones, crear empleo, expandir el comercio, desarrollar industrias y transformar economías. Cuando piense en inversión, piense en zonas económicas”.
Fonte: Trade News | Foto: Arquivo
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